Durante varios años de investigación etnográfica con personas con discapacidad en las ciudades de Buenos Aires y Montevideo tuve oportunidad de conocer y pensar junto con mis interlocutorxs acerca de sus maneras de percibir, narrar y mostrar sus cuerpos en su vida cotidiana, en ámbitos públicos y privados. Esta experiencia se nutrió de observación participante, conversaciones informales, entrevistas personales e instancias en las que fui su acompañante personal en eventos o actividades para las cuales requerían asistencia.
En el transcurso de esta investigación pude identificar mecanismos institucionales y sociales de diverso alcance a través de los cuales las personas con discapacidad son negadas y reducidas a seres apolíticos. Pero al mismo tiempo, pude aprender de sus formas de lidiar con estas violencias y resistirlas a partir de gestos micropolíticos y de complicidades con otros sujetos. Estos gestos pueden pasar desapercibidos o ser incomprendidos por el común de la gente, pero se vuelven sustantivos para ellxs en tanto expresiones que reafirman su presencia en el mundo.
Este recorrido investigativo me llevó a advertir, además, que las formas de producción de conocimiento pueden acompañar e incluso potenciar tales gestos micropolíticos o bien pueden enfatizar los mecanismos que producen su ausencia. Allí tiene que ver nuestro posicionamiento en tanto etnógrafxs y las formas que exploramos para que el compromiso se vuelva acción.
En esta ponencia busco, entonces, compartir los emergentes de este trabajo. Para ello recurriré a escenas etnográficas y colocaré algunos de los dilemas que debí afrontar en su transcurso. En última instancia, busco a través de este recorrido fundamentar por lo que llamo una política de las presencias, esto es, un enfoque y una práctica que interfiera las formas de exclusión y de paso a la aparición de las corporalidades disca en los espacios de la normalidad, incluida aquí la academia y los dispositivos de producción de conocimiento.